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Kelly Betancourt Acosta lleva dos años en Chile. Estudia técnico en sonido en el AIEP Antofagasta y es alumna oyente de clases de Música en la Universidad de Antofagasta (UA). Vive en la comunidad Fénix, ubicada en el campamento Villa Constancia II, y que fue fundada por ocho familias en el 2013, entre ellas la compuesta por su madre.
Es en este asentamiento donde ha podido desempeñarse como gestora de diferentes actividades enfocadas al arte y la cultura en familia, pese a los problemas de habitabilidad que tiene su entorno.


Esta joven colombiana -nacida en Bogotá en 1996- es directora de TomArte, proyecto que a través de intervenciones culturales y artísticas, logró demostrar que los campamentos de la capital minera pueden ser puntos de desarrollo cultural dentro de la comunidad, quitando los prejuicios que pesan sobre estos espacios vecinales y específicamente sobre quienes habitan en ellos.
Así, Kelly Betancourt es capaz de evidenciar con sus actos que nada es imposible, ya que con esfuerzo y mucha dedicación, todo sueño puede cumplirse. Es el ejemplo ideal de la resiliencia. De que la fuerza de voluntad, ante todo, es el motor que puede impulsar las energías suficientes para cambiar el mundo.
También participó del programa “Somos 2017” de Fundación Minera Escondida (FME), donde adquirió conocimientos para crecer como agente de cambio. Asimismo fue speaker en el Festival Internacional de Innovación Social de Antofagasta (Fiis) ese mismo año, oportunidad donde compartió su experiencia con TomArte.
En octubre recién pasado participó como referente comunitaria en el encuentro Campus Urbano organizado por Techo- Internacional, que se realizó en Buenos Aires, junto a más de 1.000 jóvenes de Latinoamérica, donde representó a Antofagasta.
Esta joven colombiana es reacia a entregar opiniones sobre su gestión y recalca que serán los proyectos donde participa y las diferentes actividades en los campamentos quienes hablarán mejor de su trabajo y sus proyecciones.
Sin embargo, Kelly Betancourt está consciente que su trabajo en un sector vulnerable como el campamento Villa Constancia II es una oportunidad única para sus residentes en torno al arte, además de poner en el debate qué significar vivir en un sector vulnerable, donde habitan inmigrantes en su mayoría.