“Al final, lo más importante es entregar el corazón y la vocación al servicio de la gente”
Nacido en Antofagasta, Pedro Ziede forma parte de la primera generación de médicos egresados de la sede regional de la Universidad de Chile, completando sus estudios en Antofagasta cuando cerraron la sede santiaguina. Posteriormente, se especializó en cirugía infantil en hospitales como Roberto del Río en Santiago, San Juan de Dios en Barcelona y en Estrasburgo, Francia.
Desde fines de los años 90, tras sobrevivir a un accidente marítimo que lo marcó profundamente, inició operativos médicos en zonas aisladas de la Región. Esta experiencia lo impulsó a fundar “Sembrando Salud”, operativos voluntarios dedicados a resolver cirugías de baja complejidad y descongestionar listas de espera en la región.
En el año 2000 se incorporó como docente en la Universidad de Antofagasta, lo que le permitió ampliar estos operativos con la participación de estudiantes, voluntarios y apoyo logístico institucional. A lo largo de dos décadas, este programa ha realizado miles de atenciones médicas y cirugías, marcando un impacto real en vidas locales.
Su iniciativa ha recibido numerosos elogios y apoyos, entre ellos, el reconocimiento “Ancla de Oro” que impulsa la Municipalidad de Antofagasta. De igual forma, empresas como Minera Escondida y varias clínicas locales han colaborado facilitando recursos e infraestructura. Además de su labor comunitaria, ha ocupado cargos clave como director interino del Hospital Clínico de la Universidad de Antofagasta y continúa siendo una figura central en la Facultad de Medicina y Odontología como académico y coordinador de extensión.
¿Cómo ha visto evolucionar la Región, tanto en lo social como en lo sanitario, desde que comenzó su carrera?
Cuando era niño, Antofagasta terminaba en lo que hoy conocemos como el sector de la cervecería. Ese era el límite urbano. Hoy la ciudad se ha extendido mucho más, hacia el sur y hacia el norte. El crecimiento ha sido enorme, no solo en población y extensión, sino también en infraestructura: colegios, calles, servicios. Ha habido un avance gigante. También me tocó vivir el crecimiento de la minería, especialmente con Minera Escondida. Estudié en internado en el Hospital Regional y fui testigo de cómo la ciudad fue cambiando. Pero, junto con ese progreso, aún sentimos carencias: faltan hospitales, más colegios, y seguimos viendo cómo los recursos generados acá terminan centralizados en Santiago.
A pesar de todo, tomó la decisión de quedarse en Antofagasta. ¿Qué lo motivó a construir su vida profesional aquí?
Desde que estudié medicina en la Universidad de Antofagasta, mi propósito siempre fue trabajar en mi ciudad. Cuando terminé la carrera y tuve que postular a becas, solo opté por las de Antofagasta. Así me formé como cirujano infantil y nunca dudé en quedarme. Me gusta el norte, estoy acostumbrado al desierto y a este clima privilegiado. Sé que a muchos colegas de otras ciudades les cuesta adaptarse y se van tras cumplir sus años de servicio, pero yo siempre sentí que debía poner mi trabajo al servicio de mi comunidad.
Es impulsor de “Sembrando Salud”, una iniciativa que ha beneficiado a miles de personas en lugares apartados. ¿Qué le ha dejado esta experiencia?
Si uno no está enamorado de lo que hace, un proyecto así no dura más de 25 años. Y ese ha sido el motor: el amor y la convicción de ayudar. Hemos tenido que enfrentar mucha burocracia que a veces dificulta la labor, pero seguimos adelante gracias a los voluntarios. Yo soy la cara visible, pero detrás hay más de 250 médicos, odontólogos, estudiantes y especialistas que dejan su descanso y sus familias para ir a atender a quienes más lo necesitan. En estos años hemos atendido a más de 25.000 pacientes y realizado más de 2.600 cirugías. Todo con puro cariño y compromiso.
¿Cómo sueña el futuro de Antofagasta y el norte de Chile?
Sueño con que la riqueza que se genera acá se quede en la Región. Que no sigamos enviando todo a Santiago. Calama debió tener hace años su autopista y su universidad; Antofagasta necesita más infraestructura, más espacios públicos, más colegios. Pero también necesitamos un cambio social: respeto, educación, valores. Que los jóvenes crezcan con buena enseñanza desde la infancia, que respetemos a la autoridad y que nuestros representantes sean personas transparentes y honradas. Quiero que dentro de 10 años podamos caminar tranquilos por las calles del norte, con más desarrollo y también con más humanidad.
Finalmente, ¿qué mensaje le daría a los jóvenes profesionales de la salud que están decidiendo si quedarse o partir de la Región?
Les diría que Antofagasta los necesita. Que se queden en el hospital público, que hagan crecer esta ciudad con su trabajo. La población ha aumentado mucho y tarde o temprano habrá que ampliar nuestra capacidad hospitalaria. Pero eso requiere médicos que se comprometan con la Región, que no vean esto como un paso transitorio, sino como un proyecto de vida. Si naciste acá, qué mejor que devolver con tu profesión lo que esta tierra te dio. Y si no naciste acá, igual puedes enamorarte de esta ciudad y ser parte de ella. Al final, lo más importante es entregar el corazón y la vocación al servicio de la gente.