“Muchos de mis alumnos comenzaron a entrenar desde niños y hoy son profesionales que compiten a nivel internacional, eso me llena de orgullo”
Luis Álvarez sabe lo que significa la disciplina, la constancia y la pasión. Con más de dos décadas de servicio en el Ejército, su verdadera misión comenzó cuando decidió formar generaciones de deportistas en Antofagasta. Con cinturón negro 6º dan en Ninjutsu y más de 30 años dedicados a la esgrima, ha entrenado desde pequeños en pre-kínder hasta jóvenes promesas que hoy representan a Chile en sudamericanos, panamericanos e incluso en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Su trayectoria lo ha posicionado como un reconocido maestro, entrenador y referente deportivo de la Región.
¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a la disciplina de la esgrima?
Para ser maestro de esgrima era requisito tener el curso de Educación Física. Lo logré en Santiago, en la Escuela de Educación Física del Ejército, que tenía convenio con la Universidad de Chile. Ese curso fue reconocido por el Ministerio de Educación, dándome el título de profesor de Educación Física. En 1991 me llamaron para integrar el curso de maestros de esgrima de la institución. Desde 1958 no se hacía un curso así, y yo integré el segundo. Ahí me formé en las tres armas: espada, florete y sable, aunque me especialicé en florete y espada. En 1994 presenté un proyecto en el Colegio British para crear la rama de esgrima, y desde entonces comenzaron a verse los frutos.
¿Cuáles han sido tus principales motivaciones para dedicar tu vida a la formación física, la esgrima y las artes marciales?
Siempre me gustaron. Practiqué karate, competí en campeonatos de judo a nivel institucional, y también conocí el arte marcial Kenjutsu, que me encantó porque es casi un estilo de vida. Cuando descubrí la esgrima, pude asociar ambas disciplinas: la marcial y la deportiva. Hasta el día de hoy sigo enseñando con mucho gusto.
Vienes de una carrera militar. ¿Cómo fue dar el salto al mundo de la enseñanza en colegios y clubes?
Fue una gran enseñanza haber pasado por las Fuerzas Armadas. Allí uno trata con personas de distintos niveles sociales y educacionales, y eso me formó como profesor. Yo siempre tuve vocación de enseñar, y en el deporte encontré ese espacio.
Desde tu experiencia, ¿cómo describirías la evolución de la práctica deportiva en la Región?
Ha crecido bastante. En 2018 me llamaron para ser técnico del programa Promesas Chile en Antofagasta, del IND. Estuve hasta marzo de 2025. En la Región hemos tenido muy buenos resultados en esgrima: Antofagasta ha aportado gran parte de los seleccionados nacionales que compiten en campeonatos panamericanos y sudamericanos.
¿Qué ha significado para ti abrir caminos en una disciplina que no es masiva en Chile?
Para mí ha sido un orgullo. Antes la esgrima era más elitista, solo quienes tenían recursos podían practicar. Hoy se ha masificado, pero gracias al esfuerzo de los padres, porque todo se financia de manera particular: equipamiento, traslados, técnicos. Por ejemplo, solo equipar a un niño cuesta alrededor de 550 mil pesos, y las armas deben renovarse constantemente. Aun así, los resultados y el compromiso de las familias han hecho posible que muchos jóvenes cumplan sus sueños.
¿Cómo han respondido los niños y jóvenes de la Región a tu enseñanza?
Muy bien. En mis primeros años era más estricto, con una disciplina muy marcada por mi formación. Con el tiempo, y con la llegada de mis nietos, me volví más cercano, aunque no menos exigente. La relación con los alumnos ha sido muy buena, y los logros de ellos me han marcado profundamente. Un caso emblemático es el de Katina Proestakis, que empezó conmigo a los siete años y llegó a competir en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
¿Qué momentos han marcado tu vida personal y profesional?
En lo personal, ver nacer a mi nieto y acompañar su crecimiento. En lo deportivo, cada logro de mis alumnos. Muchos de ellos hoy son profesionales, y algunos siguen compitiendo a nivel internacional. Eso me llena de orgullo.
Más allá del deporte, ¿qué valor crees que aporta la esgrima a la vida de los jóvenes?
Cualquier deporte transforma vidas, pero la esgrima, como disciplina individual, enseña algo muy especial: a tomar decisiones. En un deporte colectivo, si pierdes, pierden todos. Pero en la esgrima, el resultado depende únicamente de uno. Eso enseña responsabilidad, disciplina y resiliencia.
¿Qué sueños tienes aún como entrenador y formador?
Seguir enseñando con la misma motivación y energía. Me encantaría que el 100 % de los seleccionados nacionales fueran de Antofagasta, que hubiera más apoyo institucional sin trabas burocráticas que dejan fuera a proyectos valiosos, y también seguir entrenando hasta viejo, incluso junto a mis nietos.