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“Lo más atractivo de nuestra Región es el contraste de paisajes que tenemos, del mar al desierto, es un lugar único en el mundo y en ese sentido, es importante ponerlo en valor”

Jorge Matus Chávez es un joven antofagastino que lleva el desierto y la montaña en la sangre. Es instructor y guía de montaña internacional y actualmente se encuentra gestionando su certificación UIMLA. Actualmente, está acreditado como rescatista en lugares remotos, además de combinar esta pasión con su labor como bombero voluntario, enfocado en rescate y montañismo.

Desde hace cuatro años vive y trabaja en San Pedro de Atacama, donde lidera “Quima Expediciones”, una agencia inscrita en los registros de turismo de Sernatur. Allí ha consolidado temporadas completas dedicadas al turismo aventura y al acompañamiento de viajeros que buscan conocer la magia del altiplano. Su gran sueño es potenciar el turismo de toda la Región de Antofagasta: no solo San Pedro, sino también las costas, las cordilleras y las rutas ancestrales que conectan culturas a través del Qhapaq Ñan.

Más que un guía, Jorge es un explorador de territorios e historias, un apasionado por mostrar la riqueza natural y cultural de la segunda Región y un convencido de que el turismo puede ser un puente para valorar nuestra identidad

¿Qué es lo que más te gusta de Antofagasta?

De todas maneras, lo más atractivo de nuestra Región es el contraste de paisajes que tenemos, del mar al desierto, es un lugar único en el mundo y en ese sentido, es importante ponerlo en valor.

¿Cómo fue tu primer encuentro con la montaña? ¿Recuerdas esa sensación inicial?

Absoluta y claramente. Mi admiración por la naturaleza está inculcado por mi madre María Patricia Chávez, quien me mostró muchos lugares de la Región, además desde niño pertenecí a scout en donde viví mis primeros acercamientos a esta pasión, la que luego me llevó a explorar nuevos ámbitos relacionados con el deporte de montaña y turismo aventura.

Jorge, desde pequeño te ha movido mucho la vocación de servicio. ¿Cómo nace eso en ti?

Desde niño siempre tuve esa inquietud de ayudar a la gente que más lo necesitaba. Pasé por la Red Nacional de Emergencias, también participé en el Socorro Andino cuando se quiso formar en Antofagasta, y en la brigada de rescate acá en la ciudad. Eso me permitió unir dos pasiones: la montaña y el rescate, que van muy de la mano.

Llevas varias temporadas trabajando en San Pedro de Atacama con Quima Expediciones. ¿Cómo surgió la idea de crear esta agencia?

En realidad, Quima nació como una evolución de lo que hacíamos antes en Antofagasta. Teníamos una agrupación llamada Trekking Antofagasta, que partió con salidas familiares y luego más deportivas. Fue mi laboratorio, mi escuela de guía. Al llegar a San Pedro, varios amigos me pidieron guiarlos al cerro Toco, después al Láscar, y así empezó todo. Con mi esposa Karla vimos que hacía falta un espacio enfocado en montañismo y ahí nació Quima, con la visión de abarcar no solo San Pedro, sino toda la Región.

¿Qué diferencia tiene tu propuesta como guía de montaña?

No solo se trata sólo de recorrer rutas. Siempre busco entregar conocimiento, compartir la cultura, la espiritualidad y la cosmovisión andina. Se trata de conectar la costa con los Andes, de enseñar a escuchar la montaña, a contemplar en silencio y vivir una experiencia que abarque todos los sentidos.

¿Qué otros lugares sueñas con potenciar desde la perspectiva del turismo en la Región de Antofagasta?

Me encantaría poner en valor rutas que hicieron los changos en la costa y que conectaban con caravanas del interior. Lugares como Paposo, Taltal, la Quebrada El Médano, Caleta Cobre… tienen un potencial turístico enorme. Y en Antofagasta mismo, sitios como la Quebrada Carrizo, la Quebrada La Chimba, la Quebrada de los Guanacos y el Morro Moreno son únicos: desde ahí ves costa, desierto, flora y fauna en recuperación. Todo eso tiene un valor increíble.

Además de guía, eres bombero y rescatista. ¿Qué aprendizajes te ha dejado esa experiencia?

Que el rescate no siempre es físico. A veces la persona está herida, pero otras veces está en shock, dañada psicológicamente. Hay que humanizar el rescate, tener distintos enfoques y saber estabilizar no solo el cuerpo, también la mente. Eso te entrega muchas herramientas.

Si pudieras diseñar una ruta que conectara desde la costa al altiplano, ¿cómo sería?

Haría un recorrido por la costa, Paposo y Taltal, luego hacia Calama y Alquinga, para finalmente llegar al altiplano y San Pedro. Sería una ruta histórica y cultural, ligada al legado de los changos y a la conexión que siempre existió entre la costa y la cordillera.

¿Qué consejo le darías a un joven que sueña con el montañismo o el turismo aventura?

Que sepa que no es fácil: cuesta, te cansas, a veces quieres rendirte. Pero hay que seguir. Y sobre todo, hay que profesionalizarse. Hoy en Chile el montañismo está más organizado, con estándares internacionales que nos ayudan a ofrecer seguridad y calidad. Es como subir una montaña: es duro, pero ahí está el desafío y lo que lo hace entretenido.

Para ir finalizando con algo práctico: si tuvieras que meter tres cosas en tu mochila antes de una expedición, ¿qué llevarías sí o sí?

Mi equipamiento radial es esencial ya que soy radioaficionado, hay una gran comunidad en torno a ello en la Región a quienes agradezco, siempre nos están acompañando en los ascensos y rutas, por supuesto mi botiquín y agua, infaltable. El resto se puede solucionar en el camino.

Finalmente, ¿dónde podemos encontrar a Quima Expediciones?

Estamos en Instagram como @quima.expediciones. Ahí compartimos información, reuniones previas y todo lo necesario para preparar una experiencia única en la montaña.