“Hay identidad musical propia en Antofagasta. Yo prefiero ver el vaso medio lleno: más que quejarme, me gusta crear espacios para ayudar a artistas emergentes en la Región”
Cristian Díaz ha hecho de la música no solo su pasión, sino su forma de vida. Nacido en Santiago en 1975 y radicado en Antofagasta, comenzó a tocar guitarra y a componer canciones a los 12 años. Muy pronto, junto a su primera banda “Los Sobrevivientes”, pasó de tocar en juntas vecinales a compartir escenario con Los Prisioneros frente a más de 20 mil personas.
Su carrera lo ha llevado por escenarios y estudios de todo Chile, mezclando etapas como solista y como integrante de diferentes bandas. Ha compartido tarima con íconos como La Ley, ha sido dos veces finalista del Festival de la Canción de Antofagasta, y ha grabado varios discos, siempre explorando nuevos sonidos y fusionando estilos.
Además de músico, Cristian es productor, ingeniero en sonido y creador de espacios culturales como “Norte Sónico” e “Irreverente”, que han visibilizado a decenas de artistas del norte de Chile. Desde su estudio, Estudio Black, ha producido a talentos emergentes y jingles para radio y TV, convirtiéndose en una figura clave en la escena musical antofagastina.
Hoy sigue componiendo, tocando en vivo y aportando a la música en la Región de Antofagasta con la misma energía que cuando, siendo adolescente, soñaba con un escenario.
¿Qué recuerdos tienes de tus inicios en la música en Antofagasta?
Partí en una época donde todo era más difícil. Conseguir instrumentos era caro y grabar en un estudio, aún más. Lo máximo que podíamos hacer era grabar en cassette con un radiocasete y un micrófono improvisado. Incluso grababa a mis amigos así. Hoy, la tecnología permite que muchos sean sus propios productores desde casa, pero en esos años grabar en un estudio era casi un sueño reservado para quienes tenían un sello discográfico o mucho dinero.
¿Cómo fue tu paso del mundo analógico al digital?
Hasta 2003 ni siquiera sabía prender un computador. Todo cambió cuando tuve acceso a uno y un amigo me pasó un software de producción musical. Fue un descubrimiento: emuladores de equipos profesionales, compresores… todo un mundo nuevo. Mi primer disco grabado y producido por mí mismo fue FM, donde toqué todos los instrumentos. Fue un laboratorio creativo increíble.
Desde tu mirada ¿Crees que Antofagasta ha logrado construir una identidad musical?
Yo creo que sí hay identidad musical propia en Antofagasta. Desde los años 80 existía esa intención, con bandas como que marcaron la escena local. En los 90, con mi banda, tocamos incluso con Los Prisioneros. Siempre ha habido movimiento y hoy también. Yo prefiero ver el vaso medio lleno: más que quejarme, me gusta crear espacios para ayudar a artistas emergentes en la Región.
¿Cuáles son hoy los principales desafíos para un músico de la región?
Invertir en instrumentos, grabación y difusión. Hoy grabar en casa es mucho más accesible, pero también hay más competencia. Las redes sociales ayudan, pero también generan un mercado saturado y a veces engañoso, porque no siempre el alcance es orgánico. Pegar un tema hoy es más difícil, pero no imposible.
¿Qué consejo darías a los músicos jóvenes que recién comienzan?
Que crean en lo que hacen y no se queden quietos. Que sigan componiendo y tocando, generando trabajo con su música. La producción musical, por ejemplo, me ha permitido vivir de mis jingles y composiciones. También recomiendo afiliarse a una sociedad de derechos de autor para proteger y monetizar su obra.
Tus jingles, como el de Óptica Antofagasta, se han vuelto parte de la identidad local. ¿Cómo lo vives?
Es divertido. Al principio la gente se quejaba, pero con el tiempo se convirtió en parte de la memoria colectiva. Incluso hay páginas de humor que lo usan como referencia. También he hecho jingles para otras ópticas, y han funcionado muy bien. Es un reconocimiento a mi trabajo.
Has creado programas como “Norte Sónico” y “Rock Región” ¿Qué rol tienen los medios de comunicación regionales en el desarrollo artístico?
Son fundamentales. Dan visibilidad, generan comunidad y permiten que la gente conozca el trabajo que hay detrás del músico. Muchas veces no se ve que, además de tocar, uno también produce, ilumina, se encarga del vestuario y más. Yo mismo he participado en programas desde los 90, y eso me inspiró a crear espacios propios.
¿Cómo imaginas la escena musical de Antofagasta en 10 años más?
Soy optimista. Me encantaría que existiera una sala de espectáculos como la SCD. Faltan recursos, pero con apoyo privado y trabajo conjunto se pueden hacer grandes cosas. Los músicos también debemos dejar de quejarnos tanto y empezar a generar nuestros propios espacios.
Para cerrar, ¿Dónde podemos seguir tu trabajo?
Pueden buscarme como Cristian Díaz compositor chileno. Estoy en Instagram como @cristiandiazartista, y también en TikTok como @cristiandiaz_artista.