“Me encanta la conexión humana que se genera a través del arte, allí convergen personas con distintas visiones, es muy enriquecedor”
Alison Ramos, o como muchos la conocen, Alisongstein, vive con un pie en la poesía y otro en el derecho, demostrando que las letras también pueden habitar en tribunales y aulas. Es poeta, gestora de espacios creativos y docente, con una trayectoria que mezcla creatividad, compromiso social y pasión por la palabra.
Desde niña encontró en la poesía un lenguaje propio y con los años expandió su voz a múltiples géneros. Ha ganado premios literarios, ha publicado libros autogestionados y coordina talleres, clubes de lectura y forma parte de la coordinación de slams de poesía que le han dado nueva vida a la escena cultural de Antofagasta. Además, comparte su amor por la literatura en un canal de YouTube, en charlas y en diversas antologías.
¿Recuerdas ese primer momento en que descubriste la poesía en tu lenguaje?
Sí, fue siempre a través de los libros. En un principio no me gustaba mucho leer, pero un día encontré en casa una antología poética muy antigua. Terminé de leerla y pensé: “oye, esto me dejó una sensación tan bonita”. Era poesía infantil, acorde a mi edad, y ahí empezó mi vínculo con la poesía y también mis primeros intentos de escritura. Curiosamente, al inicio escribía en masculino, porque la mayoría de los poemas que leía estaban en esa voz. Con el tiempo fui encontrando mi propio estilo.
Eres de Calama pero ya te encuentras radicada en Antofagasta ¿Cómo fue crecer entre versos y libros en esta ciudad?
Fue entretenido, aunque un poco solitario. La escritura no se incentiva mucho en el colegio: participábamos en concursos literarios, pero eran dos o tres personas. Aun así, tuve amigas que leían mis textos y profesores que me motivaban. Hubo un momento en la enseñanza media en que me aburrí de escribir poesía y pensé en dejarlo, hasta que un amigo, Cristian, me dijo con pena: “qué lástima”. Eso me hizo darme cuenta de que lo que hacía importaba y volví a escribir. Desde ahí no paré.
¿Qué significa para ti el proceso de maduración en la escritura?
Mis poemas han cambiado; antes usaba mucha rima, ahora exploro otras formas. Siempre he escrito desde lugares de tristeza y soledad, no con ánimo de dañarme, sino porque esos temas me resultan muy interesantes.
La escritura suele ser un ejercicio solitario, pero en Antofagasta has impulsado espacios de encuentro en donde has transformado esa soledad en colectivos ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Al principio fue raro, porque siempre pensé que era introvertida. Luego descubrí que no era así, sino que no había encontrado mi comunidad. En Antofagasta encontré un grupo con quienes compartir la pasión por la poesía y la lectura. Me encanta la conexión humana que se genera a través del arte. En clubes de lectura, por ejemplo, convergen personas de distintas profesiones y visiones, lo que lo vuelve muy enriquecedor.
¿Qué es lo más desafiante y lo más gratificante en la organización de espacios de encuentros creativos en Antofagasta?
Lo más difícil ha sido conseguir lugares físicos para concretar estos encuentros. Las bibliotecas tienen horarios poco accesibles y los espacios privados cobran, lo que es lógico pero limitante. En el Círculo Literario Manuel Durán Díaz, por ejemplo, hemos tenido que rotar por casas de amigos hasta que logramos un convenio con la Universidad Católica del Norte para reunirnos allí los viernes. Asimismo, con otro colectivo de poetas, gestionamos instancias como “Versos al DM”, que partieron con convocatorias abiertas, pero tuvieron que limitarse por la alta demanda. Lo gratificante es ver que la comunidad busca y necesita estos espacios.
¿Cómo percibes los cambios en la vida cultural de Antofagasta a través del tiempo?
Antes había muchos talleres gratuitos organizados por universidades o casas de la cultura. Hoy existen más espacios, pero la mayoría no son accesibles. Eso puede volver elitista la participación. Sin embargo, lo positivo es que hay muchas personas interesadas y trabajando de forma colaborativa, lo cual me motiva a seguir.
Además de escribir, pintas y haces collage. ¿Cómo dialogan estas disciplinas con tu poesía?
Pintar es algo muy íntimo, lo hago sobre todo cuando no puedo escribir. Para mí escribir es un proceso intenso, a veces doloroso. Cuando la tristeza es mucha, recurro a la pintura, especialmente a autorretratos, aunque casi nunca los muestro. En cuanto al collage, primero lo hacía de forma intuitiva y más tarde lo desarrollé en la revista Canto Vertical, que mezclaba poesía y collage. Me gusta más en formato digital por la facilidad de materiales, aunque el análogo tiene un encanto especial.
¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy desarrollando un proyecto que aborda el tema del suicidio desde la poesía y su relación con lugares de la ciudad. Me interesa explorar cómo se confronta esa decisión frente al instinto natural de vivir.
Si tuvieras que dejar un mensaje a jóvenes poetas y escritores de la Región, ¿Cuál sería?
Escriban todo lo que les pasa, todo lo que consideren urgente de decir. Aquello que los demás no ven, pero ustedes sí. Eso enriquece la visión artística y puede hacer eco en otras personas.
¿Dónde podemos encontrar tu trabajo?
En Instagram y YouTube me pueden encontrar como @Alisongstein. Además, formo parte del colectivo Las Polillas (@las.polill4s) donde compartimos proyectos en conjunto con artistas muy creativas de Antofagasta.