“Antofagasta es el pulmón económico de Chile, contamos con el desierto más bello, con cielos diáfanos que han convertido a la Región en un polo mundial de observatorios. Todo esto nos da un porvenir inmenso”
Domingo Claps Gallo, un patriarca de la vida política y académica antofagastina nació en 1938, es abogado con formación en la Universidad de Concepción, combinando su dedicación profesional en el ámbito minero y obrero con un compromiso social activo. Fue regidor, diputado, académico y decano en la Universidad de Antofagasta. Su reciente autobiografía “Mis estelas en el mar de la vida” nos relata su historia de esfuerzo, exilio, retorno y legado que se preserva y mantiene vigente.
¿Cómo recuerdas tu infancia en Antofagasta?
Tengo un lindo recuerdo de mi niñez en Antofagasta, especialmente de mi familia y de mi madre, que fue muy importante en mi formación. Fui el último de cinco hermanos, con bastante diferencia de edad respecto a los demás. Viví en pleno centro, en calle Prat con Condell. Como no había muchos espacios para jugar, solía ir con otros niños a la Plaza Colón. Ahí, el kiosco de la banda del Ejército era nuestro punto de encuentro, escuchando las retretas que se hacían varias veces por semana. También recuerdo a mi padre, que era italiano, conversando con sus paisanos sobre la Segunda Guerra Mundial. Yo llevaba una bolsita con migas para darle a las palomas mientras escuchaba, sin entender todo, pero captando el ambiente en italiano. Son recuerdos muy bonitos.
¿De dónde nace tu vocación por lo público y lo político?
Desde niño me impresionaban las marchas de trabajadores y obreros. También me marcaban los discursos que escuchaba en la radio de mi casa. Me motivaban mucho. Tuve una inclinación temprana hacia la política, aunque en mi familia no estaban de acuerdo con mis ideas, yo fui la oveja roja de la familia. Más tarde, en la Universidad de Concepción, participé en la Federación de Estudiantes y fui candidato a su presidencia en 1962. Después, ya en Antofagasta, ejercí como abogado y así comenzó mi vida política y pública.
Has trabajado mucho por la Región ¿Qué desafíos ves hoy en comparación con décadas pasadas?
Creo que aún no hemos concretado grandes proyecciones que siempre vi como posibles. Nuestra ubicación en el Pacífico es estratégica: estamos en la misma latitud que São Paulo, centro del PIB de América Latina. La producción industrial de China y el Lejano Oriente podría llegar a Sudamérica a través de nosotros. Antofagasta es el pulmón económico de Chile: producimos el 65% del cobre del país, tenemos el salar de Atacama con todo el litio explotable, y la mayor radiación solar del mundo. Además, contamos con el desierto más seco y más bello, con cielos diáfanos que han convertido a la Región en un polo mundial de observatorios. Todo esto nos da un porvenir inmenso.
Fue parte de la academia durante décadas en Antofagasta ¿Qué papel juega la educación en el desarrollo de nuestra Región?
Un rol fundamental. Un ejemplo es la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Antofagasta. De ahí han surgido profesionales y figuras públicas relevantes a nivel local y nacional: fiscales regionales, senadores, diputados, seremis, la actual delegada regional, entre otros. Eso me llena de orgullo, porque fui profesor de Derecho Constitucional de varios de ellos. La universidad ha cumplido una misión muy importante para la Región y espero que siga así.
En tu autobiografía relatas momentos muy emotivos. ¿Cuáles fueron los más difíciles de escribir?
Mi vida ha tenido golpes muy duros. Estuve 20 años en México, un país al que agradezco mucho. Pero al volver a Chile solo regresé con mi esposa, María Eugenia, quien falleció muy joven, luego perdí a dos de mis tres hijos, debido a una enfermedad. Fueron tragedias que me marcaron profundamente y que se encuentran en las páginas de este relato que quise compartir a través de un libro.
¿Qué lugar ocupa el mar en tu vida?
El mar ha sido esencial desde mi infancia. De niño jugaba en botes pequeños, y más tarde tuve un yate, mi gran juguete, que me permitió navegar. Para mí la navegación es liberación, es el mejor antídoto contra el estrés. Me encantaría poder vivir arriba de un barco, recorriendo distintos lugares, aunque no siempre ha sido posible.
¿Cómo ves el futuro de Antofagasta en lo económico y cultural?
Estoy convencido de que Antofagasta puede transformarse en el gran puerto del Pacífico Sur, el punto de entrada de la producción industrial del Lejano Oriente hacia São Paulo. Tenemos además una riqueza cultural enorme: el folclore nortino, y grandes figuras literarias como Andrés Sabella o Hernán Rivera Letelier. Creo que el futuro de nuestra ciudad está tanto en lo económico como en lo cultural.
¿Cuál es la mirada que sostienes de la Región de Antofagasta actualmente?
Siento mucha esperanza y alegría. Agradezco esta oportunidad de compartir recuerdos y reflexiones. Espero seguir navegando, aunque sea en la memoria, y que las nuevas generaciones encuentren en esta Región un futuro lleno de posibilidades.